miércoles, 9 de agosto de 2017

Folletín de verano: Asesinato en Kingsfont St (6)





3 de abril

El recinto de Kingsfont es, en dos palabras, a mazing.

Está situado en un rico neighborhood en las afueras de London City, zona residencial llena de inmensos chalets con piscina y exuberante arbolado y coches de lujo no menos exuberantes. Aunque excesivamente rodeada de autopistas de circunvalación, si se me permite la observación. Se ve que por aquí lo que más circula no son, con ser multitud, los coches: es el dinero. Mucha pasta, sí; hay que ganar mucha para poder permitirte abrir tu sede social en una zona tan principal y exclusiva de una ciudad tan cara como esta.
Claro que ahora no me extraña, me dicen que el Nursing Council es el órgano regulador y de registro de las más de 250.000 enfermeras y matronas inglesas, que deben pagar una cuota anual obligatoria (no precisamente barata) para poder mantenerse en el registro y así, ejercer su profesión. Por lo que me cuentan, el desaparecido Lord Paramount dirigía el Council desde hace más de 30 años bien rodeado por un equipo de leales colaboradores y ejerce sus poderes a través de los nueve chief officers de las regions inglesas. Mr. Alfred Isbox, el detenido, es precisamente uno de esos delegados regionales, exactamente el de la Región de West Midlands, con sede en Birmingham, condado de Castleshire. 

Cuando me presenté en el 2 de Kingsfont me recibió un guardia de seguridad privado que, con bastantes malos modos, me preguntó qué quería. Le dije que necesitaba hablar con el máximo responsable al cargo y que a él, y solo a él, le explicaría el motivo de mi petición; y que más le valía darse prisa, le dije mientras le entregaba mi tarjeta de visita. –Un momento–, me dijo, ahora ya un puntito inquieto.
Tras unos ocho o diez minutos de espera volvió acompañado de un tipo canijo con cara de no haber dormido bien desde hace tres o cuatro meses, a quien se me presentó como Chairman del Council, aunque sin mencionar su nombre; a efectos de facilitar la lectura del relato –y solo a esos, visto lo visto–  le llamaré Mr. Y. Venía acompañado de otros dos tipos: un abogado cabezón con pinta de sicario siciliano, Mr. Habeas Corpus, y otro tipo, no menos cabezón pero con la frente mucho más despejada y con mirada de psicópata, llamado al parecer Cecil B. deStone, cuya posición en el Council no se me reveló.
Siguiendo los finos usos del inglés educado les espeté:
–No querrán que hablemos aquí…
–No, naturalmente–, respondió Mr. Corpus, –sea tan gentil de acompañarnos.


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