lunes, 11 de septiembre de 2017

Folletín de verano: Asesinato en Kingsfont St (27)








–Mr. Smallwall–, le dijo Spring, –estos tres señores están esposados sin que tengamos la más mínima prueba de que estuvieran implicados en ningún intento de asesinato. Simplemente hay indicios razonables de que pudieran formar parte de un complot para obtener el poder dentro del Council, pero nada les implica en crímenes, al menos por el momento.

–Yo se lo demostraré–, dijo David A. Smallwall. –Acabo de entrar en la intranet y he comprobado el cruce de correos entre Delayed y Mrs. Waterwell. Yo mismo les daré las claves de acceso…

–¿Ese es el secreto en las comunicaciones que garantiza el Standing Commitee?­ ¿Tienes acceso a nuestros correos privados, hijo de puta? –, le interrumpió a gritos Delayed.

–Querido Charles–, le respondió, ya más calmado, Smallwall. –¿Sabes perfectamente que tenemos acceso a todos los correos alojados en nuestros servidores, incluidos los de todos los afiliados, más de 300.000, que además rastrean mediante un sniffer sus direcciones de correo personales; que intervenimos teléfonos de disidentes, informantes, periodistas y hasta algún bloguero despistado, que hackeamos cuando nos parece oportuno sus equipos informáticos; que existe un rastreo sistemático de redes sociales, blogs, telegram, whatsapp y el sursum corda; que hay un equipo de 14 personas dedicadas 24 horas al día, 365 días al año, a estas tareas de seguridad… y te extraña que tengamos acceso a tu correo? ¿Me lo dices o me lo cuentas? ¿Eres subnormal o solo te lo haces?
»Y que sepas que voy a largarlo todo. A mí me caerá lo que tenga que caerme por no levantar la liebre (spill the beans, N del T) durante los dos años que llevo aquí, pero todos vosotros vais a acabar en Pentonville el resto de vuestras vidas, imbécil.
»Comisaria, me entrego como cómplice en la trama criminal más abyecta que se haya conocido en el país–. Y entregó sus antebrazos melodramáticamente para que lo esposaran.

–Un momento, Mr. Smallwall, un momento. Mr. Delayed, ¿estaba usted al tanto de estas maquinaciones que acaba de relatar su compañero David?

–No pienso abrir la boca si no es en presencia de mi abogado.

–Bien, llamaremos a su abogado cuando estemos en comisaría...

–No hace falta, soy yo mismo, también soy abogado.

–Entonces, su abogado está presente, ¿no?

–No, comisaria. Aún tengo que aceptar el caso, lo que le será comunicado en el momento procesal oportuno como establece la Sección 59, parágrafo aa, inciso ii, de la Police and Criminal Evidence Act, Capítulo...

–Están ustedes como putas regaderas (off your rocker, N del T)–, intervine yo.

–...60, Parte V, publicado en la London Gazette de 13 de septiembre de 1984. Dice el citado artíc…

¡Basta! ¡Basta ya! –, bramó, más que gritó, Spring. –Señores… eh… Wheel y Charm, ¿algo que comentar o esperarán a sus abogados? En el caso de que no lo sean también ustedes mismos, naturalmente…

–Esperaré a mi abogado–, dijo Charm.

Pero el caso dio un pequeño giro cuando Mr. Wheel dijo:

–Yo confesaré todo. En los condados tenemos un conocimiento, digamos, más estrecho, pero llevo tantos años y conozco tanta gente, me he comidio tanta mierda, tanta, tanta, que creo que podríamos llegar a un trato de favor a cambio de contar todo lo que sé. Que, créame, no es moco de pavo (is no snap, N del T).

–Por de pronto, todos a comisaría. Los cuatro. Goodwill, proceda.

At your service, commissar.





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